Hoy leía un artículo en el que se mencionaba el nombre del presente texto. Literalmente sería algo así como la “época más fría para la inspiración con que Dios llama a algún estado”. Hablaba de que los seminarios están vacíos. Pero que los seminaristas ya están en el corazón de Dios.

El retorcimiento de los argumentos me parece cobarde. Como pusilánime el poner el acento en las circunstancias externas para disculpar esta providencial situación. Mientras se perciba como rémora y no como oportunidad: Como causa y no fruto; Mientras se crea que a los candidatos hay que llevarlos a los seminarios a formarse, alejados de la realidad que está latiendo ahora, ahora… serán, los seminarios, panteones de la tristeza, añoranza esquela de un brillante pasado que nunca lo fue.

Que nadie crea que cualquier tiempo pasado fue mejor.

¿Cuándo la unidad fue el objetivo? Reformulo: ¿Cuándo el Evangelio fue la razón primera, el primer amor? ¿Cuándo la supervivencia, el mantenimiento, la tradición fueron secundarios ante el Reino de Dios: su justicia?

Bienvenidos sean los inviernos que nos llevan a buscar calor de verdad. A huir de sucedáneos que, falaces, ofertan cuotas celestes a los destinados a morir.

El frío de las iglesias conserva mejor las estatuas.