Una inmensidad. Todo un universo nos separaba antes de conocernos.
La probabilidad de encontrarnos era nula. Como imposible era la compatibilidad.
Dos universos, tan distintos, tan lejanos. Eones antes, estábamos llamados a encontrarnos. Pero tan distantes.
Y fue. Del océano que nos separaba, muro impenetrable, pasamos a ser archipiélago: Islas que se intuyen pero no se ven a través de la bruma marina. Arrullados por la marea, las sirenas acuñaron su canto. No pude resistirme. Quise nadar hacia la orilla. Tu orilla.
¡Qué feliz! El encuentro que nos muta, nos modela y diseña nuevos sonidos: diálogos de piel, cantos de vida.
Mas el silencio hace estragos. Remolinos nos distancian y la mar se arbola cuando se sella la garganta.
Oscuro. Todo es oscuro si no enciendes tu voz con mi nombre. Negro si no tatúas tu abrazo a mi espalda.