
Quiero que mis canciones sean verdad. Que describan el tacto del agua, sean frescor, fertilicen la voluntad, ríos que navegar.
Que susurren la pequeñez de un Dios hecho pan: y vino. Sean fiesta en la que todos canten y bailen porque la alegría es señora sus corazones.
Brillen en cada nota pues son reconocidas como propias por quienes las escuchan… Sean el murmullo del viento entre las hojas.
Hablen de la experiencia reconocible en cada una de las vidas de quienes las oyen: un nexo común que haga sonreír
pues saben qué están escuchando.
Y lo asumen como propio.
Canciones que denuncien la injusticia, que llamen a la unidad y olviden los cantos de sirena que adormecen y matan en vida.
Que sean cármenes, poemas sugerentes que, según quien las escuche, sepa que fueron escritas exclusivamente para ellos…
Canciones para provocar incendios, encender velas, iluminar la oscuridad.