
¿Qué le contesta una momia a otra cuando le pregunta qué está haciendo? Aquí, liada. ¡Qué chiste tan tonto! Pero me encantan. Son historias brevísimas que te hacen, cuando menos, menear la cabeza.
He mencionado las momias y ahora haré lo propio con los fósiles. Fascinados con esos huesos empotrados en la piedra gracias a la Litificación, Petrificación para los amigos, se desarrollan sesudas hipótesis sobre la vida de los pétreos finados.
Y, como siempre, se elucubra, se invierte mucho tiempo, en esos temas tan interesantes. ¿Cómo sería la vida de los seres que yacen momificados en museos o centros de estudio? ¿Influyó el biotopo en la evolución de los reptiles o simplemente evolucionaban a su amor, porque si?
La verdad es que el tema me encanta. Pero he comenzado con este prolegómeno para hablar de un tema mucho más cercano que la construcción de las pirámides o de cómo sería la primavera hace sesenta millones de años.
Mucha gente de mi edad hace menciones muy sentidas sobre artistas o próceres que nos miran desde la hemeroteca, museos o clubs de fans. Algunos intereses los comparto; otros, me sorprenden. Cuando escucho hablar sobre ellos, se me dibuja una medio sonrisa en la boca, pues ni son tan buenos, ni tan malos: No son ejemplos para nadie, pues nadie, fuera del grupo antes mencionado, los recuerda.
Y sí. Brutalmente: Hay cantantes que nunca cantaron. Hicieron cantables con notables letras; quizá pintaron algún rayajo que parecía cuadro… Pero la entronización en el olimpo de los artistas mediocres es una práctica muy extendida.
Si yo pudiera, a todos esos artistas y pensadores de medio pelo, los momificaría o fosilizaría para que tuvieran más interés. O sirvieran como recordatorio de lo que no hay que hacer.