El peligro del Evangelio no es que sea opio para el pueblo. Su verdadero poder es activar a cada ser humano en su esencia.

Decir esto es grandilocuente pero se acerca, según creo, mucho a la verdad. No se teme a Jesús en Jerusalén  porque sea un líder reconocible: se le teme por su coherencia insoportable. Una luz infinita que diluye todas las mediocres sombras donde operan quienes hacen ofertas de salvación, de cumplimiento;

Hoy es CyberMonday, que es la fiesta que se celebra tras el BlackFriday Weekend, acontecimiento que sucede al BlackFriday Friday. Un tren de alegría y consumo que atonta el criterio y obnubila la inteligencia. Una maravillosa estrategia de la distracción para que sólo percibamos el corto plazo. Con cierta perspectiva, vemos que es un no parar: ahora estamos haciendo las compras, tan necesarias para conseguir el afecto y valor añorados por quienes recibirán nuestras prebendas, compradas a  muy buen precio, de Navidad. Tras la Navidad, Reyes; tras Reyes, las Rebajas… La cuesta de Enero, Febrero… En la suicida búsqueda de sentido, compramos vacaciones con meses de antelación mientras contemplamos el bombardeo israelí de Gaza con desgana…

No es que el Evangelio sea opio: es conciencia. Y no se puede permitir que haya conciencia porque el negocio de consumir nuestra existencia se va al garete. De ahí que mantener a la Humanidad en un estado de ensoñación es perfecto. Vidas completas en cómodos plazos, levemente separados por las temporadas que impone París en sus desfiles, pero con la distancia adecuada para que todo sea un reinicio: sin memoria, sin consecuencias, sin conciencia: Sin Evangelio.

Ensoñación: (RAE. Sueño o representación fantástica de quien duerme. Ilusión, fantasía.)