
“Si los curas y frailes supieran
la paliza que les vamos a dar,
a la calle saldrían gritando
libertad, libertad, libertad.”
El himno que encabeza el presente textillo es del siglo XIX. La verdad es que tiene gracia. Como todas las coplas populares, tiene un trasfondo de verdad que desgarra el alma.
No le daré demasiadas vueltas, pero con poco que lee uno el Evangelio, se da cuenta de que es un canto a la libertad, un chute de realidad, una toma de conciencia que cambia la dirección de la existencia desde el yo hacia el hermano.
Sólo viajaré hasta el siglo XIX. Y, por lo que dice, parece que la iglesia no era el lugar donde uno se expresara libremente, acogiera como madre buena, no. (XIX, XX, XXI)
Por ello, y lo digo en esta dominical mañana, creo que esta canción se podría cantar en la casa del Señor, pues lo es del hombre libre: el hombre más libre de la historia. Creo que es el momento de optar y de aprender la lección de una vida vivida con consecuencia. Amando hasta hacerse vino: hacerse pan.
(lo de la paliza, creo que va por las injusticias, pero no puedo estar de acuerdo)