
“Entre bueyes no hay cornás” dice el refrán. Hoy asistimos al penúltimo capítulo de la violencia institucional que promueve el poder y sus sacristanes. Hace algunos días, saltaba la noticia en la que China decía que la “reunificación” con Taiwan era inexorable. Rusia, con su zar a la cabeza, sigue empeñado en arrancar a dentelladas territorios que no le pertenecen, pero que su concepto de la gran Madre, le impide dejar de desear y mandar a sus hijos a la muerte. Zanahorio man, azuzado por los fabricantes de armas, grandes donantes de MAGA, fija sus colmillos en el petróleo venezolano, negocio en pausa por la causa chavista interesada en pudrirse con dinero del pueblo y poco proclive a cualquier cambio de paradigma político…
Y las amenazas van y vienen: con la vista en la bragueta del oponente que amenaza con que la tiene mucho más larga, más gorda, más grande…
Es sorprendente que ninguno de los belicosos haga ostentación de inteligencia. Será que, como no se puede ver y sólo se evalúa a partir de los resultados, no es un argumento a utilizar. El inteligente sopesa, evalúa, humaniza, comprende, repara… Nada de esto parece estar en boga.
“… no hay cornás”. Ninguna potencia se va a inmiscuir en el trozo de pastel que ya han pactado para sí. Pero la amenaza está en el aire: nunca disuadió al oponente de aspirar a más de lo que en principio pretende.
La caníbal guerra tiene hambre. Y se alimenta de los hijos de Eva, los hijos de Adán.