
Hace poco leí un post en el que se ensalzaba la defensa de los valores religiosos de la última sacerdotisa musical frente a un reciente finado, que también practicaba la música. La una porque apela a una vuelta a la fe y, el otro, por ser un poeta que no cuestionaba, formalmente, el sistema. El planteamiento del autor me resultó insultantemente maniqueo.
Y, como todas las falacias, son mentiras que se visten de verdad para apelar a la emoción subyacente que alienta la guerra civil, aurícula contra aurícula; y así tomar posiciones beligerantes: como si fueran verdades inmutables.
Y no: nunca las revoluciones ni las verdades nacieron de los profetas sistemáticos, los que se asocian para disociar o aunar, dependiendo de los intereses que haya por detrás: sólo hay que ver las canciones que se cantan en las parroquias para darte cuenta de que hay una disrupción entre el triunfalismo de quienes creen que la catolicidad está renaciendo como hecho general y que pronto se llenarán las calles de rosarios y la verdad de cada día…
Creer en este tiempo como nos quieren hacer ver es como pensar que habrá de nuevo dinosaurios por haber películas de parque jurásico.