Y vuelta la mula al trigo. Quiero seguir poniendo en todos los foros que pueda que la guerra es una mala idea: siempre.

Debo, para apoyar tal afirmación, decir que son muchas las ocasiones en las que las guerras que libramos son las que heredaron los padres. Y no digo, como al principio, que es la guerra de nuestros padres, no: son aquellas que, por herencia, desmemoriada, descontextualizada, sigue siendo un ruido de fondo que acompaña a los tambores de las marchas militares: al ritmo cadencioso de ametralladoras…

Guerras cuyo origen nadie vivió. Siguen las semillas de la infinita estupidez siendo regadas por la sangre de inocentes. “La guerra será larga” dice el que tiene la bota de hierro. Y lo dice porque él la verá desde su casa. Los soldados morirán, tendrán una guerra corta. Los mutilados, tendrán tiempo de evaluar y ser poseídos por la rabia de conocer que no sirvió para nada su sacrificio: sólo fue un daño colateral.

Por eso: por eso no debemos dejar de cantar contra la violencia: todas las guerras que se justifican cuando hay una apisonadora aplastando las flores. Niños de dos meses con cinco costillas rotas por el maltrato de una madre, parejas que echan ácido en la cara de las mujeres, para que aprendan; huérfanos que sólo recuerdan el ruido de los gritos: y el silencio que dejó una mancha de sangre en el suelo.

No hay guerra justa ni violencia proporcionada. Ojalá libráramos la paz de quienes sobrevivieron a las contiendas y nos contaron que muchos murieron para que hoy tuviéramos la vida que vivimos.