“Sentir pena, contrariedad, arrepentimiento, por alguna cosa”.

En la definición no lo pone muy claro. Pero me parece que, cuando nos lamentamos de algo, es por un hecho que, en principio, teníamos posibilidad de plantearlo de una manera distinta a la que nos lleva al lamento. Y ese, es el centro de mi reflexión.

Parece que hay diferentes enfoques que nos pueden llevar a la frustración o al éxito. Y, por alguna razón, se elige las que más probabilidades tienes de fracaso y su consabida aflicción. Y todo esto me viene porque no hay nada nuevo bajo el sol. Bueno: creo que sí. Lo que sería absolutamente nuevo sería aprender de los errores, reconociéndolos y comunicándolos a las posteriores generaciones, con todo lujo de detalles, para no repetir ni dolerse de los indeseados resultados.

La repetición de la historia nos aboca a una desmemoria, creyendo que haciendo lo mismo podremos conseguir un resultado distinto, o a un aprendizaje que nos lleve a un nuevo camino, una nueva propuesta…

Lo inevitable puede ser lamentado. Pero me parece que lo más juicioso, en este caso, sería asumirlo y contemplarlo. Como las puestas de sol. Mejor aún: el amanecer.