
Hoy me he levantado clásico. Pero, clásico, clásico… Lee en alto conmigo: “Rosa, rosa, rosam; rosae, rosae, rosa. Rosae, rosae, rosas; rosarum, rosis, rosis”. ¿Cómo te has quedado? Y es que la primera declinación abre un universo de posibilidades tan increíble: el resto de las declinaciones, los usos del Ut, el Cum histórico-narrativo. Ya siento la toga y las sandalias, senatoriales por supuesto.
Y, en un alarde tecnológico, comparto con vosotros…
“Incipit lac in aeno ponendo. Cinnamomum lignum adde. Pellem citrinae detractam remove (vide ne partem albam possideas) et casserole adde. Omnia per medium calorem coquantur, donec ulcus adveniat.
Deinde adde lac sapidum oryzam et calorem demittere ad temperiem lenim. Coqueat circiter 45-50 minuta, interdum agitans ne haereat. Cum tibi placet, spissius aut magis lutulentus, sacchari adde et excita. Aufer a calore et requiesce paulisper. Cinnamomum removere lignum et cortices CITREA. Gratias ago tibi, quia vigilantes. Oryza botellus in singulas continentia distribuendo et super cinnamomum humum sparge. Frigidis vel calidis servire potes, quamvis vis.”
(Lo ponéis en el traductor y tendréis la receta del arroz con leche)
Pues eso, que diría un conocido: cada vez veo más gestos que se acercan a lo mistérico y se alejan del sentido común. Cada vez más apelaciones a gestos incomprensibles para el vulgo, pero llenos de contenido para los oficiantes.
Y, a lo que voy, es que el Evangelio no es magia. No es un conjunto de gestos que hacen a lo sagrado, más santo. Soy de la opinión de que, cuanto más forma, menos fondo. Y viceversa.
Quod omnes amici
(*eso es todo amigos)