El color negro devora todo. Es curioso: Un agujero negro es una estrella con una densidad tan brutal que deviene en singularidad cuya gravedad es tan potente que impide que la luz salga. Es de locos.

Y estaba pensando en esto porque ahora, en Cuaresma, no se puede cantar el Aleluya. Porque, oficialmente, estamos en un tiempo de desierto. Oficiosamente se podría, pero… ¿Qué tiene esto que ver con los agujeros negros? Pues está claro. La imagen que proyectamos es de una luz que no sale, es una inmensidad negra, preñada de luz, que no ilumina. Y quizá sea una metáfora algo retorcida, pero es que no puede dominar una imagen negra lo que tendría que ser faro en la noche: blanco sobre negro.

Y es que el negro conjunta con todo, menos con la alegría. Los japoneses tienen el blanco como luto y me parece un acierto. Es más esperanzado, más de luz, tú…

Los colores que se ponen sobre el negro desaparecen. Pero, los que se extienden sobre el blanco, mantienen su identidad. Cuando se combinan, crean nuevos matices.

Pues eso. Luz, más luz.