
La desmemoria alimentó los cuentos.
Los cuentos, crearon los miedos.
Los miedos parieron temores,
incendiaron pasiones, nublaron el juicio.
Desquiciados, invocaron al caballo de la guerra.
Y, cuando hablan las balas, la inocencia enmudece.
El hambre, amiga de la guerra,
alimenta la famélica quimera de la victoria;
devora ancianos, cargados de años…
a niños, que no sueñan mañanas…
El futuro se atisba venturoso
a quien cree vencer cuando huele la carroña.
Ni en el hambre ni en la guerra hubo nunca vencedores.
Enfermos de odio, de guerra y muerte,
cosechamos angustia
Masticando plomo.
NO A LA GUERRA