
¿Te imaginas ir en pelotas por la calle? Pero con zapatos, que el suelo está lleno de cosas y está caliente en verano: frío en invierno. ¡Hay que ver la vergüenza que pasaría! La gente viendo mis lorzas al aire, ondeando mi barriga a cada paso… y las cosas que cuelgan, por supuesto. ¡Qué desazón!
Hoy, no sé por qué, me ha dado por pensar que, si fuera desnudo, mi vida no sería más verdad: ni más mentira. Seguiría con los mismos patrones de comportamiento, pero sin saber dónde llevar las llaves de casa. Jaja: cuanto más lo pienso, más gracia me hace la situación.
¿Y si mucha gente fuera como su madre los trajo al mundo por la calle? Los católicos, los protestantes, los mahometanos… ¡Qué complejidad! ¿Cómo haríamos para distinguirnos entre nosotros, las personas de bien, y el resto? Las cicatrices al aire, bochornosas secuelas de una vida que no fue como la esperábamos, a la vista de todos.
Desnudo no podría llevar dinero, ni tarjetas: tendría que ir a una tienda varias veces para ir a por el producto, llevarlo a casa y volver con el dinero… o la tarjeta. Los vendedores pronto sabrían de quién fiarse, de quién no.
Y te das cuenta de que la ropa es una mentira sobre una verdad, sobre otra mentira.
Jaja: la verdad desnuda nunca tendría tanto sentido.