
Durante mucho, mucho, mucho tiempo, viví convencido de que las palabras tenían valor. Y que los gestos, lo refrendaban.
Poco a poco, me di cuenta de que los gestos eran más poderosos que las palabras. Los gestos son todo tu ser hablando, aunque tu boca permanezca muda.
Por eso los tratados son papel mojado.
Las palabras pueden arruinar un buen día, ensombrecer cualquiera luz cuando son acompañados de gestos coherentes con el significado. . Los gestos encarnan la palabra.
Si la palabra no es acompañada del gesto adecuado, es falacia. Si se repite en el tiempo, es costumbre…
No es amor.