Parafraseando a Isaías, “Por la paz no callaré, no descansaré”;

Todas las atrocidades que estamos viendo: que llevamos viendo desde hace medio siglo en Oriente Medio no pueden, bajo ninguna circunstancia, ser contempladas como causa. Soy cansino hasta la angustia, pero el triunfo de la manipulación, de la distorsión de los hechos para favorecer intereses particulares, es considerar que hay malos y buenos. Aquellos que están a favor de la libertad y quienes atentan contra ella.

Me gusta traer un chascarrillo para ejemplificar cómo un resultado no ha de ser considerado de otro modo: ¿Qué le dice un cadáver a otro? Y, ¿Cuál es la respuesta? Pues si el resultado de nuestros actos es la muerte y, esta, no tiene remedio, me parece que el método de resolución de conflictos está siendo poco eficaz.

Cansado de escuchar frases apocalípticas como “Os vamos a enterrar” de Kruschev o “Esto es sólo el principio de la venganza” y “La respuesta tendrá consecuencias durante generaciones” de Netanyahu, me parece pertinente pedir a los propagandistas que guarden un silencio sepulcral. Para escuchar cómo la sangre de ambos bandos empapa una tierra ahíta de ella. Para reconsiderar las premisas por las que hay pueblos más dignos que otros. Para llorar la atrocidad de una muerte infantil, de una infamia histórica.

Por favor: No hay ninguna causa que merezca mentiras como pilares. Esto es premisa para cualquier conflicto. Todo beneficio cimentado en una media verdad es un gigante de hierro con pies de barro.

No más muerte. La tierra está harta de tanta muerte innecesaria, inocentes que no pueden preguntarse porqué pues sus cuerpos se pudren al sol.

Para terminar comparto un vídeo de Nina Paley.