
En una red social, te ponen vídeos en los que se dan situaciones hipotéticas. En ellos, moralizantes donde los haya, los actores se dividen en buenos y malos. Las caracterizaciones y los lugares donde se desarrollan son muy reconocibles, para que el consumidor pueda empatizar. En fin. La cosa es que se genera una situación injusta entre el protagonista y su némesis. En la trama, hay gran sufrimiento; pero, tras cortar el nudo gordiano por el que el usuario se está comiendo tamaño bodrio, el desenlace es una buena moraleja: el mal no compensa y el bien siempre vence.
Es curioso. Justo lo que no pasa en la vida real. Entonces, ¿a qué tanta ficción mentirosa? Está claro: Ante una felonía, siempre hay un héroe que te hace sentir que siempre habrá alguien que ponga las cosas en su lugar: como debe ser.
Y, ¿cuál es el objetivo de tales producciones de bajo presupuesto y final fácilmente reconocible? Yo creo que es anestesiar al que lo está viendo. Mientras está mirando, no vive; y, sobre todo, no toma el papel principal de su vida, sintiendo que siempre habrá otro que advierta la iniquidad de la situación y pondrá al inmundo y halitoso perverso donde le corresponda, devolviendo al universo su equilibrio.
Por acción o por omisión, la cadena siempre encuentra cómo dar su rodeo, para que no puedas, no quieras, no sepas, no decidas.