
Si somos líderes para el mal. Es una forma extraña de empezar a compartir, pero últimamente veo que la historia se repite porque se opta por un liderazgo destructivo. Una forma de llevar a los pueblos que se empecina en percibir a los demás como enemigos, en vez de hermanos; caudillos que alientan la sospecha en vez de la confianza; directores que dividen en vez de aunar conciencias, consciencias… Guías ciegos que no tienen memoria, que no saben de hambre ni de gloria: que la buscan satisfaciendo sus vergüenzas…
Por eso, te invito a que seas un capitán; en primer lugar, como dice el poema, sé capitán de tu alma, el dueño de tu destino: que nada ni nadie se apropie de lo que sólo es tuyo. Ojalá ames, bendigas y perdones de todo corazón. Y que, por lógica, seas un capitán para el bien: lo bueno para todos. Para los afines y para los que no. Para los afines y para los que no. Para conocidos y desconocidos. Para ortodoxos y heterodoxos, para los que disienten y los que concuerden contigo.
Por la necesaria verdad de la vida que nos recuerda que somos hermanos, seamos líderes, capitanes para el bien.