
Si después de llorar se enjugan las lágrimas, se enrojecen los ojos y me quiero dormir. Si después de la noche, con todos sus miedos, los sonidos que atenazan mi imaginación, llega el alba, con su bruma mojando la hierba… Después de todo lo que miro y me atraviesa, canto y me duele, grito y enmudezco, quiero escribir…
Que creo: creo con todo mi corazón a pesar de tener una frontera dispuesta con todos los que me ataron las manos, arrancaron las uñas; incluso una para mí, para que justifique mi diminuta percepción de la belleza y la vida… Creo apretando los dientes; y cuando me zambullo en una charca de la que no veo el fondo, pero que me llama por mi nombre. Creo en el agua que me hace santo, el fuego que me limpia, la duda que me crece y me hace crecer; creo a dentelladas, a zarpazos.
Creo aún cuando no creo que sea posible, porque lo imposible lo hago yo cuando creo. Siento que soy más cuando, teniendo razón, abandono el juicio. Y, yendo en contra del buen juicio, juzgo conveniente no apretar los dientes, no sumergirme en el agua y sacar la cabeza, escuchar el susurro y seguir creyendo.
Seguir creyendo que puedo. Que quiero. Que amo