kurdish-childrenA base de verlo muchas veces, he terminado por pensar un poquito en ello. Cuando alguien tiene una experiencia cercana a la muerte (la propia, no la de otro) cambia. Ya no es la misma persona. Ya no rigen los mismos valores que lo hacían muy parecido al común de los mortales: Vive con una intensidad mucho mayor. Quiere oler todas las flores, beber todos los vientos, pisar descalzo todas las tierras…

Porque puede que sea la última vez.

Y me pregunto por qué tiene uno que serpear al borde del abismo para darse cuenta de lo efímero de nuestra vida, de la escala de valores tan frágil que regula nuestros ansias, nuestros miedos.

No sería mejor vivir en la frontera de lo posible, sabiendo que puede ser el crepúsculo de nuestra existencia. O, simplemente, la obertura de una noche como otra. Pero siempre distinta.

Hasta mañana. O no. ¿Fue feliz tu día? ¿Lo es tu vida? No esperes a que la vida responda por ti.

Sí. Soy feliz.