
Fuimos el otro día al ensayo general de “Tosca”. Reconozco que es un género que no practico mucho. Bueno: nada. No canto opera. La cosa es que, cuando había fallos, pues se paraba y se comentaba la jugada… tres horas de operación después, me dio por pensar una cosa:
En la obra se transluce el papel de la iglesia. Y llama poderosamente la atención que, en aquel tiempo, era mucho más influyente que hoy en día. Y, por pensar, se debería haber incidido aún más en lo esencial del mensaje de Jesús de Nazaret… Pero no: era un estado dentro del estado que compartía, en lo divino y lo humano, las miserias del género humano, con sus flaquezas y debilidades.
Creo que no hay mucho más que decir. Tengo la certeza de que las mayorías están plenas de gente que no tiene convicciones y, más bien, tiene miedos. Estos, se disfrazan de credo y tradición para disimular el vacío que manifiestan las palabras en sus vidas.
¡Qué tontería! Hablar de todo esto es hablar de mí mismo.
Otra de las convicciones que tengo es que esto del Evangelio pasa por ser minoría y confiar. No se trata de apisonar con nuestros números, sino enamorar con nuestras vidas. Ser motor de ilusión y esperanza.
Enamorar con mi vida, ser motor de ilusión y esperanza. Confiado.