
Yo creo que las banderas que enarbola la violencia para sentirse legitimada son todas un fraude.
Hoy han publicitado un documental sobre la violencia ejercida sobre la mujer en la guerra fratricida del 36 en España. Aparecen las actrices posando ante retratos envejecidos por los años, decolorados por las lágrimas de las familias, que recuerdan el dolor de la ausencia. Y es como si vieras subir y bajar la marea.
Nunca, y digo nunca, sabré qué significa perder a una madre, una hermana, alguna amiga a manos de la sinrazón de la violencia y la guerra. Lo que sí tengo claro es que sea fascista, comunista y todos los -istas que se te ocurran, todas son violencias. No hay ninguna que resuelva conflicto.
Sí. Parece que soy un poquito simplón. Pero, a base de ver cómo se fertilizan los campos con los pretéritos cadáveres del amor y la maternidad, veo como la sal de las lágrimas hacen de los campos, Ager Publicus: los esterilizan y parece que no darán frutos porque se quedaron, los recuerdos y las posibilidades, enterradas con ellos.
Si hay algo verdadero en los difuntos es su silencio. Espero que sea en ese espacio silente donde encontremos las respuestas, donde no podamos escondernos ni justificar violencia alguna.