Hoy hablé con un chaval a quien pedí ayuda para comprender ciertos aspectos de la música que hace; de ese modo, podría sin insultarlo, intentar hacer algo parecido. Y me contestó que no: no quería participar en nada que no fuera lo que él hace habitualmente pues se le relacionaría con algo de lo que él ni participa ni comparte.

La reflexión es simple a partir de la situación descrita. No quiere relacionarse con nada que tenga que ver con la religión, católica en este caso; y me doy cuenta de lo increíble que resulta ser creyente en estos tiempos tan escépticos pues, a efectos prácticos, no tiene nada que ver lo que se cree con la vida. Si dijeras que la religión católica te hace más alto, más joven, más feliz… incurrirías en grave error.

Y lo peor es que esta incredibilidad se ha institucionalizado y normalizado. Si la gente no ve la obra de nuestro Señor en quienes creen, es culpa de ellos: nosotros lo hacemos muy bien.

Lo hacemos muy bien. Lejía de lavandero para quienes se acercan. O ni siquiera se acercan pues no hay atractivo en aquellos que servimos a quien devolvía la vida a los muertos, la vista a los ciegos, daba de comer a multitudes, acogía a los pequeños…

Dios no ha escondido nunca su rostro pues quiere que lo busquemos mientras se deja encontrar.