Lo que nos falta es cantar. Los pueblos que cantan permanecen unidos, celebran juntos, lloran a una… Por eso es un ataque a la línea de flotación de la cordura hacer que eso no ocurra. Favorecer el individualismo, hacer creer que se puede solo, que no necesitamos a nadie.

Pero es mentira. Cuando canto solo me gusta, porque hay algo que decir que lo tengo que decir yo. Pero, cuando hay algo que podemos decir coralmente, la cosa cambia radicalmente. Si solo, soy luz blanca, a coro, somos arcoíris;

¿Quién puede desear algo malo a alguien mientras canta, mientras su corazón se llena de música solo o en compañía? No se puede.

Pero siempre habrá alguien serio, extremadamente serio, que te recuerde que no debemos perder la compostura: esa que nos condena al azuloscurocasinegro en el corazón…

Así que, busca una canción que te guste; con cascos o al aire con altavoces. Tararéala si no te sabes la letra porque está en inglés, invéntate la letra; báilala y deja que te llene. Cocina, plancha, juega con tus niños cantándola juntos. Ahora que la pandemia nos está condenando a la tristeza como efecto secundario, como el Escorbuto por falta de vitamina C o el Raquitismo por la carencia de vitamina D, llenemos nuestro ánimo y oído de música.

Que la música es buena. Y ya sabes que, quien canta, su mal espanta. Lo que nunca nos dijeron es que, si todos cantamos, el mal de todos corre despavorido porque, un corazón lleno de música, no se puede llenar de ninguna otra cosa.