
Hoy comenzaré con la palabra “Terror”. Miedo muy intenso. Método expeditivo de represión revolucionaria o contrarrevolucionaria.
Sigo con “Terrorismo”. Esta es una joya: “Dominación por el terror, sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror y actuación criminal de bandas organizadas, que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos.
A cuenta de la enésima carnicería perpetrada por los seres humanos contra otros seres humanos, se está utilizando con, creo yo, cierta frivolidad la palabra “Terrorismo” para calificar actuaciones de un bando. Si atendemos al significado de la palabra, creo que se podría aplicar a los dos bandos: digo yo, ¿eh?
Cuanto más escucho, menos ganas me quedan de ello pues parecemos condenados a crear inmensos camposantos llenos de inocentes por la cerrazón y la desmemoria de los que, como siempre, no morirán en un bombardeo, una mina antipersona, una bala perdida, un derrumbe de su edificio.
Por favor. ¡Basta ya! Si la muerte no ha solucionado nada, ¿no sería adecuado conversar?
¿Tan difícil nos resulta concebir la posibilidad de amar al prójimo como a uno mismo? Querer para el otro lo que quiero para mí.
Si muerte es lo que deseo para mi enemigo, ser humano como yo, ¿es la muerte lo que quiero para mí?